Los tiempos para Recursos Humanos, como lo hemos entendido hasta ahora, llegan a su fin. Este departamento nació al albor de unas organizaciones rígidas y jerárquicas con un enfoque heredado de un mundo industrial y mecanicista, que tan bien parodió Charles Chaplin en la película de culto “Tiempos modernos”. Su mal nombre, el de recursos humanos, encajaba perfectamente en la ecuación r=r, es decir, recursos igual a rendimiento. Una mirada basada en la eficiencia donde las personas eran piezas (recursos) de un engranaje, que había que apretar como si de tuercas se tratasen, maximizando así el rendimiento del sistema a costa de su bienestar. El desarrollo organizacional en el transcurso del s.XX hizo que las personas fuesen ganando relevancia e importancia pasando de ser un mero coste (headcount) a declararse el verdadero capital -humano- de la empresa. Muchas organizaciones en general, y consecuentemente sus departamentos de recursos humanos en particular, transitaron en esta dirección. En ese devenir, Recursos Humanos ha estado luchando para hacerse más estratégico y menos funcional (o residual), no sin dificultades, cayendo por momentos en una adolescencia permanente buscando su sentido y lugar en la empresa, traducido todo ello en cambios más estéticos que reales. A sabiendas de que el lenguaje es generativo, a pesar de que el refranero popular nos recuerde aquello de la mona y la seda, la mayoría se han rebautizado como departamento de Personas, Talento y Cultura, Cambio y Desarrollo,…, aunque muchos de ellos siguen sin estar sentados en el Comité de Dirección, confirmando que el cambio no va de nombres sino de mentalidades.
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HRip. El ocaso de un departamento que nació para un mundo viejo
- por Iñaki Bustinduy
